Del islote que soy,
de la tierra de que nazco,
de la mano del labriego
que me mima,
a todo esto me debo.
Al viento ufano,
al surco íntimo
en la tierra,
al abrazo
de la sombra de los árboles
caducos,
a todo esto me debo.
De la semilla plantada
que algún día plantaré en mi vientre
y criaré en mi seno,
del agua.
Soy solo huella,
pues lo único perenne
es el olvido.
Del islote que soy,
separado de la tierra en que nací
y de la mano del labriego
que me mima.
Asustada por el huracán humano
y la caricia íntima
me aterra
el abrazo
y la sombra de las horas
de las noches que caduco.
A todo esto me debo.
Del islote que soy,
que es la semilla sáxea de lo que fui
y de mí no brota,
soy todo agua.
Soy solo huella,
pues lo único perenne
es el olvido.
jueves, 12 de enero de 2017
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