Tengo dentro tanta tierra
que ni escribo,
un amor que, como hiedra,
trepa por cada latido,
y mi abrigo de plebeya
en el olvido
siendo reina de la tierra
de tu ombligo.
Fuiste aire, fuiste agua,
fuiste fuego amigo,
eres tierra en la que ahora
para siempre habito,
el abono de mi yerma
alma de mendigo
y el Dios de las iglesias
de mi corazón vacío.
Y ahorra llena de tierra,
vacía de hastío,
la poesía a veces vuela,
siente que no la necesito,
pues tu risa tan ligera
y tu pelo que es de trigo
pueblan el verso más bello
que esta tierra
haya sentido.
Sol de tus ojos destierra
del valle de mis costillas el frío,
tus dientes diamantes que sierran
sentimientos enemigos,
voz de viento que encierra
el dolor en caja de pino,
y la mirada más bella
de la que soy testigo.
Tú, querido, eres mi tierra,
perenne como el olivo,
y yo seré siempre la reina
habitando en tu ombligo,
y seré siempre la hiedra
trepando en cada latido,
con mi traje de plebeya
olvidado en el olvido.
viernes, 6 de mayo de 2016
sábado, 10 de octubre de 2015
"Los dos aquí tirados, envejeciendo el día"
Deja que al Sol salgan mil canas,
Y que la luna lo asesine mil veces,
Que las estrellas sean testigos,
Tanto del crimen
Como del amor que te profeso.
Asistamos juntos al entierro
De cada anochecer
Que golpea en el trasero
A este amor tan tierno
Que aún nace.
Permite que la sábana de la noche
Encienda sus velas infinitas
Y que su llama de luz
Acune dulcemente el miedo
De nosotros recién nacidos.
Y deja que el viento cante
Y ulule y envuelva nuestra cama,
Ámalo como a la voz de una madre.
Que no se nos pierdan las ganas
De encontrarnos para siempre
En el cénit y en el abrigo
Del firmamento que gime
Entre beso y beso.
lunes, 1 de junio de 2015
Corazón morisco.
Somos cuestión de tiempo.
Yo presente,
tú pasado
y burdo intento
de sobornar relojes,
de desgranar arenas,
conquistar lechos
que ya has perdido.
Yo madre,
tú Boabdil el Chico,
triste corazón morisco.
Pobres piernas tuyas
que van corriendo,
sonrisas persiguiendo
que son fantasmas,
sombras,
recuerdos
de cosas que ya has perdido.
Llora, yo madre,
tú Boabdil el Chico,
triste corazón morisco.
No hay realidad
en las mentiras que te creas,
el tiempo indómita marea
arranca amor de las arenas,
lo has perdido.
Yo madre,
tú Boabdil el Chico,
triste corazón morisco.
Yo presente,
tú pasado
y burdo intento
de sobornar relojes,
de desgranar arenas,
conquistar lechos
que ya has perdido.
Yo madre,
tú Boabdil el Chico,
triste corazón morisco.
Pobres piernas tuyas
que van corriendo,
sonrisas persiguiendo
que son fantasmas,
sombras,
recuerdos
de cosas que ya has perdido.
Llora, yo madre,
tú Boabdil el Chico,
triste corazón morisco.
No hay realidad
en las mentiras que te creas,
el tiempo indómita marea
arranca amor de las arenas,
lo has perdido.
Yo madre,
tú Boabdil el Chico,
triste corazón morisco.
lunes, 25 de mayo de 2015
Cadena deseada.
Se fuma un porro.
Se ríe en mi cara.
Silba entre sus dientes
un "ya te lo dije".
Mira directamente
a mi alma encharcada,
un campo de minas
lleno de cicatrices.
De todas las actrices,
la más galardonada,
teniendo mis raíces
en no sentir;
me echa una mirada,
muerde el filtro,
esquiva la pregunta
que le ha traído aquí.
De todas las indigentes,
la más pobre,
regueros son eternos
en mi rostro salobre.
Y da otra calada,
y me mira con pena,
pues sabe mi condena
cadena deseada.
Sintiéndome tan libre
me corté las alas,
me invade un miedo frío,
¿una sentencia vana?
A veces las palabras
se clavan en mi alma,
son dulces, bellas llagas,
de labios que son dagas.
Mi alma encharcada,
campo de cicatrices,
noto que la predice
por siempre abandonada.
En los ojos maduran
salvajes, tristes hiedras,
el corazón es piedra,
el alma ya no es nada.
De todas las indigentes,
la más pobre,
regueros son eternos
en mi rostro salobre.
Y da otra calada,
mirándome con pena,
pues sabe mi condena
cadena deseada.
Se ríe en mi cara.
Silba entre sus dientes
un "ya te lo dije".
Mira directamente
a mi alma encharcada,
un campo de minas
lleno de cicatrices.
De todas las actrices,
la más galardonada,
teniendo mis raíces
en no sentir;
me echa una mirada,
muerde el filtro,
esquiva la pregunta
que le ha traído aquí.
De todas las indigentes,
la más pobre,
regueros son eternos
en mi rostro salobre.
Y da otra calada,
y me mira con pena,
pues sabe mi condena
cadena deseada.
Sintiéndome tan libre
me corté las alas,
me invade un miedo frío,
¿una sentencia vana?
A veces las palabras
se clavan en mi alma,
son dulces, bellas llagas,
de labios que son dagas.
Mi alma encharcada,
campo de cicatrices,
noto que la predice
por siempre abandonada.
En los ojos maduran
salvajes, tristes hiedras,
el corazón es piedra,
el alma ya no es nada.
De todas las indigentes,
la más pobre,
regueros son eternos
en mi rostro salobre.
Y da otra calada,
mirándome con pena,
pues sabe mi condena
cadena deseada.
miércoles, 20 de mayo de 2015
Del negro umbral
Lento abrí el portal de tus ojos
que con cascadas estaban cubiertos,
sentí el fluir del aire
de tus poros inciertos
fue primavera salvaje de mi tibio corazón,
las nubes y aire caliente de tu aliento
corrí en busca de aquel tu viento.
¿A dónde tu viento emigró?
recordé el olor de los jazmines perdidos
en otros frondosos jardines,
la luz de la mañana encerrada en solo una mirada.
Sin sentido a razón llamado
perdí a aquel amado
entre los pétalos de la vida
sentí la mía fría,
arropada por la tempestad
y el ansia de volar.
Abrí el portal primaveral
y por fin, después de ti,
vi, más a lo lejos, del negro umbral.
que con cascadas estaban cubiertos,
sentí el fluir del aire
de tus poros inciertos
fue primavera salvaje de mi tibio corazón,
las nubes y aire caliente de tu aliento
corrí en busca de aquel tu viento.
¿A dónde tu viento emigró?
recordé el olor de los jazmines perdidos
en otros frondosos jardines,
la luz de la mañana encerrada en solo una mirada.
Sin sentido a razón llamado
perdí a aquel amado
entre los pétalos de la vida
sentí la mía fría,
arropada por la tempestad
y el ansia de volar.
Abrí el portal primaveral
y por fin, después de ti,
vi, más a lo lejos, del negro umbral.
lunes, 18 de mayo de 2015
Solo las tormentas
Qué triste es la vida cuando cada cosa buena que ves llegar la observas con miedo. Un miedo atroz. Un odio inhumano, animal, firmemente arraigado por el instinto, hacia Dios. Te preguntas "¿qué cojones le he hecho a este hijo de puta para que me mande cosas buenas?".
Porque las cosas buenas son volátiles, y qué triste es la vida cuando lo sabes. Cuando te dedicas a contar los días para ver cuánto dura esta vez. Y cuando no sientes sorpresa, pero sí una amarga desilusión, cuando se va. Las risas de despedida, esas amargas de "vaya, vuelvo a tener razón" son el puñal más fiero que me he clavado nunca.
Parece que nada está hecho para durarme. Lo único bueno que he conocido y me ha durado un tiempo relativamente largo ha sido la tranquilidad. Y reconozco que duró tanto porque fue una tranquilidad vacía; vacía de todo aquello que pudiera hacerme daño. Fue una burbuja aislada del mundo. Transparente. Os veía pero realmente no interactuaba. Nada podía tocarme.
Un día decidí abrir la puerta de esa burbuja. Se me olvidó la prudencia o no quise llevármela en un repentino arranque de valentía. He caminado fuera de la burbuja y he gozado de la hierba entre los dedos de mis pies. Y el aire olía tan distinto...Y los pájaros cantaban. Y los ríos fluían. Y se sentía como si la vida estuviera envolviéndome en su abrazo infinito.
Pero nada dura.
Solo las tormentas.
viernes, 20 de marzo de 2015
Gestación.
Te estoy gestando un hijo
en mi alma,
marinado con calma
y muchas horas,
salado con los mares más extensos
y con la piel hecha de memoria.
Te estoy gestando un hijo y cuando nazca
lo pariré en la tinta en una noche
y cuando te levantes, ya por siempre
te habré parido un hijo
de azabache.
En papel, que es la cuna más tierna,
a lápiz, que es la nana más hermosa,
el hijo que te gesto irá creciendo,
haciendo inolvidable nuestra historia.
Te estoy gestando un hijo,
amor se llama,
y cuando nazca,
llorará poemas,
a lápiz, que es la nana más hermosa,
en papel, que es la cuna más tierna.
en mi alma,
marinado con calma
y muchas horas,
salado con los mares más extensos
y con la piel hecha de memoria.
Te estoy gestando un hijo y cuando nazca
lo pariré en la tinta en una noche
y cuando te levantes, ya por siempre
te habré parido un hijo
de azabache.
En papel, que es la cuna más tierna,
a lápiz, que es la nana más hermosa,
el hijo que te gesto irá creciendo,
haciendo inolvidable nuestra historia.
Te estoy gestando un hijo,
amor se llama,
y cuando nazca,
llorará poemas,
a lápiz, que es la nana más hermosa,
en papel, que es la cuna más tierna.
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