Me he despertado pensando en ti
Y anhelando el olor de tu cabello
Y anhelando el sabor de tu saliva
Y la suavidad de tu alma contra la mía
Éramos dos y fuimos uno
En el momento en que nuestros cuerpos confluían,
Se apagó el mundo,
Se prendió la llama.
Tú en mí eres como un vagabundo llegando a casa
Y en la alacena de tus labios descansan
Mil besos que voy a robarte.
Todo tu cuerpo es arte
Y solo Dios puedo llamarte
Si de la mano me llevas al cielo.
Son tus dientes las estrellas,
Y solo Dios te puedo llamar
Si es tu cuerpo el cálido Sol
Y tu saliva la espuma del mar,
Y si es tu alma el Universo
Y tus ojos el firmamento
Para mí no existe ya más cielo
Que el de tu paladar.
lunes, 20 de febrero de 2017
viernes, 10 de febrero de 2017
Me pierdo
sin ánimo de encontrarme
en cada beso contigo,
y es tu pelo el abrigo
más sedoso que he tenido,
y tu piel la delicia
más intensa que he lamido,
y tu cuerpo un altar donde
solo rezo a lo prohibido.
Escribe tu saliva cuentos
de mi cuello hasta mi ombligo,
y mi mente solo es cuerda
cuando se encuentra contigo
y me ata firmemente
el corazón al oído,
que de tus palabras dulces
siempre es atento testigo.
Yo mendigo,
anhelante,
que el caprichoso destino
ceda tus brazos a mi cuerpo
en las noches de frío,
ceda tus besos a mis labios
cuando mustios y ateridos
agonicen en la calle
necesitando tu asilo.
Yo mendigo,
implorante,
ante los dioses del Olimpo,
que tu cuerpo solo muera
en el valle del olvido
y sea en la cuna de mi ombligo
perenne como el olivo,
caliente como el verano
y de mis pecados castigo.
sin ánimo de encontrarme
en cada beso contigo,
y es tu pelo el abrigo
más sedoso que he tenido,
y tu piel la delicia
más intensa que he lamido,
y tu cuerpo un altar donde
solo rezo a lo prohibido.
Escribe tu saliva cuentos
de mi cuello hasta mi ombligo,
y mi mente solo es cuerda
cuando se encuentra contigo
y me ata firmemente
el corazón al oído,
que de tus palabras dulces
siempre es atento testigo.
Yo mendigo,
anhelante,
que el caprichoso destino
ceda tus brazos a mi cuerpo
en las noches de frío,
ceda tus besos a mis labios
cuando mustios y ateridos
agonicen en la calle
necesitando tu asilo.
Yo mendigo,
implorante,
ante los dioses del Olimpo,
que tu cuerpo solo muera
en el valle del olvido
y sea en la cuna de mi ombligo
perenne como el olivo,
caliente como el verano
y de mis pecados castigo.
2011.
Tú piensas como yo.
Tampoco andas distinto
ni te ríes diferente.
Utilizas las mismas palabras
y muerdes los mismos panes
e hilachas los mismos versos.
Tú eres tú en mí,
y yo soy yo en ti,
siendo yo en mí
y viceversa.
Sin embargo,
no andas por los mismos caminos,
y aunque nos cubra el mismo cielo
tus nubes son distintas a las mías.
En algún lugar, quizá en Roma,
ya que todos los caminos llevan allí,
nos encontramos en una bifurcación
y aunque no te conozca, te conoceré
y sabré cómo vas a sonreírme
y te sonreiré de la misma forma.
Tampoco andas distinto
ni te ríes diferente.
Utilizas las mismas palabras
y muerdes los mismos panes
e hilachas los mismos versos.
Tú eres tú en mí,
y yo soy yo en ti,
siendo yo en mí
y viceversa.
Sin embargo,
no andas por los mismos caminos,
y aunque nos cubra el mismo cielo
tus nubes son distintas a las mías.
En algún lugar, quizá en Roma,
ya que todos los caminos llevan allí,
nos encontramos en una bifurcación
y aunque no te conozca, te conoceré
y sabré cómo vas a sonreírme
y te sonreiré de la misma forma.
jueves, 2 de febrero de 2017
Ante el frío
Ante el frío,
¿yo qué soy?
Siempre primavera.
Y quien no me quiera entera
no tendrá jamás mis flores,
los olores
de amores
dulces como miel de abeja
pronto volveranse rejas
ante los cobardes lores.
Ante el frío,
¿yo qué soy?
¡Siempre primavera eterna!
De sonrisa sempiterna
de colores,
inmune a los dolores
de las almas pobres, mustias, yermas
donde no crecen las hierbas
ni las flores.
Ante el frío del invierno
yo seré siempre la risa,
de verano dulce brisa
y los rumores
del río que corre deprisa,
del viento entre la hierbaluisa
y de las pieles que acarician
las calores.
Ante el frío,
¿yo qué soy?
Siempre primavera
y mis días serán siempre los mejores,
y sepan los cobardes lores
que quien no me quiera entera
no tendrá una sola brizna
de mis flores.
¿yo qué soy?
Siempre primavera.
Y quien no me quiera entera
no tendrá jamás mis flores,
los olores
de amores
dulces como miel de abeja
pronto volveranse rejas
ante los cobardes lores.
Ante el frío,
¿yo qué soy?
¡Siempre primavera eterna!
De sonrisa sempiterna
de colores,
inmune a los dolores
de las almas pobres, mustias, yermas
donde no crecen las hierbas
ni las flores.
Ante el frío del invierno
yo seré siempre la risa,
de verano dulce brisa
y los rumores
del río que corre deprisa,
del viento entre la hierbaluisa
y de las pieles que acarician
las calores.
Ante el frío,
¿yo qué soy?
Siempre primavera
y mis días serán siempre los mejores,
y sepan los cobardes lores
que quien no me quiera entera
no tendrá una sola brizna
de mis flores.
domingo, 29 de enero de 2017
viernes, 20 de enero de 2017
Tengo el alma más abrupta que hayas visto
Es tan dulce e insaciable
mi alma de labriega
que siempre quiero hacer nacer flores
en terrenos descarnados.
Las semillas las tomo prestadas
de la colina de mi corazón
y luego nunca,
nunca,
las devuelvo.
Yo he arrancado con mis manos
malas hierbas,
y me he abierto
en las palmas surcos llenos
de memoria.
He llorado en tierras yermas
y en estimas muy pequeñas
para hacer crecer en ellas
una historia.
De la sangre de mis palmas
ha nacido la amatoria,
de la sal echada en ellas,
el dolor,
patas largas como arañas,
en la mano una guadaña,
erigiendo una montaña
de temor.
En la cumbre, que es tan fría,
y que cada día conquisto
siempre nieva de imprevisto
y el amor,
autor de la geografía
del alma, mi anticristo,
mi tutor,
de piedad desprovisto,
se acerca a mi geografía
y susurra con lengua fría:
tengo el alma más abrupta
que hayas visto.
mi alma de labriega
que siempre quiero hacer nacer flores
en terrenos descarnados.
Las semillas las tomo prestadas
de la colina de mi corazón
y luego nunca,
nunca,
las devuelvo.
Yo he arrancado con mis manos
malas hierbas,
y me he abierto
en las palmas surcos llenos
de memoria.
He llorado en tierras yermas
y en estimas muy pequeñas
para hacer crecer en ellas
una historia.
De la sangre de mis palmas
ha nacido la amatoria,
de la sal echada en ellas,
el dolor,
patas largas como arañas,
en la mano una guadaña,
erigiendo una montaña
de temor.
En la cumbre, que es tan fría,
y que cada día conquisto
siempre nieva de imprevisto
y el amor,
autor de la geografía
del alma, mi anticristo,
mi tutor,
de piedad desprovisto,
se acerca a mi geografía
y susurra con lengua fría:
tengo el alma más abrupta
que hayas visto.
jueves, 12 de enero de 2017
Del islote que soy
Del islote que soy,
de la tierra de que nazco,
de la mano del labriego
que me mima,
a todo esto me debo.
Al viento ufano,
al surco íntimo
en la tierra,
al abrazo
de la sombra de los árboles
caducos,
a todo esto me debo.
De la semilla plantada
que algún día plantaré en mi vientre
y criaré en mi seno,
del agua.
Soy solo huella,
pues lo único perenne
es el olvido.
Del islote que soy,
separado de la tierra en que nací
y de la mano del labriego
que me mima.
Asustada por el huracán humano
y la caricia íntima
me aterra
el abrazo
y la sombra de las horas
de las noches que caduco.
A todo esto me debo.
Del islote que soy,
que es la semilla sáxea de lo que fui
y de mí no brota,
soy todo agua.
Soy solo huella,
pues lo único perenne
es el olvido.
de la tierra de que nazco,
de la mano del labriego
que me mima,
a todo esto me debo.
Al viento ufano,
al surco íntimo
en la tierra,
al abrazo
de la sombra de los árboles
caducos,
a todo esto me debo.
De la semilla plantada
que algún día plantaré en mi vientre
y criaré en mi seno,
del agua.
Soy solo huella,
pues lo único perenne
es el olvido.
Del islote que soy,
separado de la tierra en que nací
y de la mano del labriego
que me mima.
Asustada por el huracán humano
y la caricia íntima
me aterra
el abrazo
y la sombra de las horas
de las noches que caduco.
A todo esto me debo.
Del islote que soy,
que es la semilla sáxea de lo que fui
y de mí no brota,
soy todo agua.
Soy solo huella,
pues lo único perenne
es el olvido.
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Desconfianza
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