Me pierdo
sin ánimo de encontrarme
en cada beso contigo,
y es tu pelo el abrigo
más sedoso que he tenido,
y tu piel la delicia
más intensa que he lamido,
y tu cuerpo un altar donde
solo rezo a lo prohibido.
Escribe tu saliva cuentos
de mi cuello hasta mi ombligo,
y mi mente solo es cuerda
cuando se encuentra contigo
y me ata firmemente
el corazón al oído,
que de tus palabras dulces
siempre es atento testigo.
Yo mendigo,
anhelante,
que el caprichoso destino
ceda tus brazos a mi cuerpo
en las noches de frío,
ceda tus besos a mis labios
cuando mustios y ateridos
agonicen en la calle
necesitando tu asilo.
Yo mendigo,
implorante,
ante los dioses del Olimpo,
que tu cuerpo solo muera
en el valle del olvido
y sea en la cuna de mi ombligo
perenne como el olivo,
caliente como el verano
y de mis pecados castigo.
viernes, 10 de febrero de 2017
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