Miro a mi alrededor, estoy perdida. O quizá no, ¿acaso perderse no es estar en un lugar que no conoces? Entonces no lo estoy, porque he estado aquí siempre. Pero si perderse es estar en un lugar del que no sabes cómo salir, entonces sí lo estoy, aunque esto sea desde siempre mi casa. Mi casa, cerrada por fuera, de la que no tengo llave.
No sé dónde estoy ni por qué estoy aquí. Sobre todo el por qué, es algo que me carcome. Me gusta entender las cosas, con los años he ido volviéndome lógica, fría, racional. A veces también siento la emoción, claro, pero es algo peligroso. Algo peligroso porque entonces solo quiero sacudir estas paredes y encontrar algo para hacer palanca en la cerradura, y nunca hay nada.
Lo que hay es una ventana y a veces puedo asomarme al mundo exterior, e incluso pegar mi mano al cristal, mi cara o mi boca, y otra mano, una mano de fuera puede posarse sobre la mía sin llegar a tocarme. Es una ilusión que por un momento hace que me olvide de donde estoy (¿dónde estoy?) hasta que me doy cuenta de que solo noto el frío cristal bajo los dedos porque esa mano es de fuera y no pertenece a donde estoy (¿dónde estoy?).
Me han gustado las metáforas, los símiles, toda la vida, es la mejor manera que encuentro de explicar lo único que sé de este sitio. Así que diré que esto es como ser una pieza de otro puzzle colocada en la caja equivocada. Te cogerán un momento y buscarán dónde vas, arrugarán el entrecejo. Aquí no es, aquí tampoco, vaya, qué pieza tan difícil de colocar. Puede que te reserven para el final, a ver si encuentran tu sitio, pero eventualmente se darán cuenta de que no perteneces ahí y entonces enmarcarán el puzzle, con sus piezas correctas, y tú tienes dos destinos: la caja, si son benévolos, la basura, si son prácticos. Y en uno de esos lugares supongo que es donde estoy (¿dónde estoy?).
Las cajas no tienen ventanas ni tampoco los contenedores, pero nadie ha dicho que esto fuese lógico, ¿verdad? O justo. Lo único que sé es que veo el mundo exterior y el mundo exterior me ve a mí, podemos exhalar vaho en el cristal y escribirnos mensajes, a veces me arrancan una sonrisa, a veces me olvido de donde estoy (¿dónde estoy?), pero luego ellos crecen y siguen y avanzan y entonces recuerdo que son de fuera.
Cuando alguien se acerca a mi cristal me aletea el corazón y pienso que tal vez en la fábrica de juguetes ya se han dado cuenta de que han metido en la caja equivocada una pieza de puzzle, y no solo eso, si no que hay por ahí un puzzle incompleto sin mí. ¿Te imaginas? A veces fantaseo con esas cosas. Pero el tiempo pasa mientras no pasa nada y a veces me recorre un miedo cerval la médula espinal, hasta hacerme el tuétano de hielo, y pienso en la de veces que la gente se equivoca y que quizá yo sea una pieza hecha para nada, que hubiera tenido que ser de una forma y algo me hizo de otra. En definitiva, una pieza que no es de ningún puzzle...¿te imaginas? No se me ocurre nada más prescindible que eso.
Así que estoy perdida. O quizá no, ¿acaso perderse no es estar en un lugar que
no conoces? Entonces no lo estoy, porque he estado aquí siempre. Pero si
perderse es estar en un lugar del que no sabes cómo salir, entonces sí
lo estoy, aunque esto sea desde siempre mi casa. Mi casa, cerrada por
fuera, de la que no tengo llave. Pero lo cierto es que estoy perdida no solo de una manera geográfica, si no de una manera existencial...¿dónde está mi sitio? , ¿tengo alguno?, ¿existo para algo?, ¿soy un error?
Quiero ser como ellos, quiero salir fuera de este sitio, quiero ver el cristal por fuera, o quizá no acercarme nunca más, o quizá acercarme solo a exhalar vaho y escribir desde fuera "adiós, hasta nunca, no te echaré de menos", pero no sé dónde está la llave, no sé ni siquiera si hay una maldita llave, porque puede que esto sea un contenedor o una caja de cartón y ni los contenedores ni las cajas de cartón necesitan llave.
Ni siquiera sé dónde demonios estoy.
martes, 11 de junio de 2019
sábado, 11 de mayo de 2019
Las arañas (2011)
Antes me asustaban las arañas.
Ahora me asustan menos cosas
-los animales abandonados, los niños
escuálidos,
el planeta muerto, los bebés devorados por
contenedores,
las venas que sangran, los marginados sociales,
los correccionales de menores, la abusiva
tecnología,
los cuerpos que nunca vuelven a aparecer,
la muerte en otros, los diálogos que no sirven,
los ancianos podridos de olvido, las bombas de
la guerra-
pero solo porque ya no me asustan las arañas.
Las curvas de la botella
Quizá empezó a beber
por una llaga disfrazada de mujer
que le dejó a su suerte,
sin la
copa cárnica de sus caderas
inyectándole con sus fríos ojos el sucio
anhelo
del alcohol.
Ella agarró con las uñas todo lo que él amaba
suyo,
supongo.
Cogió los párpados y los metió en la misma
bolsa
que los pechos y el corazón,
que los pulmones y los ojos y las piernas
y las axilas.
Se echó la bolsa al hombro y echó al hombre un
beso
que,por calidad de último,tal vez lo mató.
Imagino que entonces el alma masculina
quedaría tristemente anclada en el lugar donde
estuvo la bolsa
con los párpados,el pecho,y todo aquello,
y aburrida abrió una botella,juntó su boca con
la boca de vidrio
y la besó.
Cuando acabó de besarla estaba tan enamorado
que se prometió a sí mismo que nunca haría
lo que habían hecho con él,
y abrazando románticamente a aquella primera
botella vacía
le susurró: "nunca
te abandonaré".
Abrupto final (2013)
Noto un abrupto final
avecinarse en mi corto sendero
anunciando su llegada cual jilguero
y ardiendo como el suelo infernal.
Nunca pude ser tan fuerte como quise,
pues me destruí con mis propios escudos
y fueron los nudillos míos los más duros
y la derrota contra mí misma la más triste.
Aún tan joven, y tanta es mi vejez
que me veja y me ultraja la alegría
quién reconoce tal face como mía
con lo risueña que ella fue alguna vez.
Contra el abismo me empujasteis lento
y me asomé al llegar a su borde,
con curiosidad miré la densa noche
que venida de él se ciñó sobre mi cuerpo.
Me carcajeé por vez última
una hora donde parecí feliz
donde aún no me pesaba el grave desliz
ni la infelicidad que ya estaba tan próxima.
Ahora sólo quiero dejar de verme
tan atormentada encerrada entre mis sábanas,
y por ello imploro sin miedo a la guadaña
cada noche que venga a llevarme la muerte.
Maldigo mi mala suerte.
avecinarse en mi corto sendero
anunciando su llegada cual jilguero
y ardiendo como el suelo infernal.
Nunca pude ser tan fuerte como quise,
pues me destruí con mis propios escudos
y fueron los nudillos míos los más duros
y la derrota contra mí misma la más triste.
Aún tan joven, y tanta es mi vejez
que me veja y me ultraja la alegría
quién reconoce tal face como mía
con lo risueña que ella fue alguna vez.
Contra el abismo me empujasteis lento
y me asomé al llegar a su borde,
con curiosidad miré la densa noche
que venida de él se ciñó sobre mi cuerpo.
Me carcajeé por vez última
una hora donde parecí feliz
donde aún no me pesaba el grave desliz
ni la infelicidad que ya estaba tan próxima.
Ahora sólo quiero dejar de verme
tan atormentada encerrada entre mis sábanas,
y por ello imploro sin miedo a la guadaña
cada noche que venga a llevarme la muerte.
Maldigo mi mala suerte.
miércoles, 24 de abril de 2019
Gusanos
Yo voy a tener mil hijos,
y serán gusanos,
hijos míos y de esta tierra
en que me meza,
donde mis huesos pálidos
recibirán el abrazo más sincero
tras haberse librado de la carne
que nunca resultó suficiente.
y serán gusanos,
hijos míos y de esta tierra
en que me meza,
donde mis huesos pálidos
recibirán el abrazo más sincero
tras haberse librado de la carne
que nunca resultó suficiente.
Sin(an)estesia.
Te diría que a veces amando
he podido sentir los colores,
como el verde de tu iris
galopando por las colinas de mi cuerpo,
y a veces he podido
saborear los sonidos,
como cada vez que mi oído ha lamido,
ávido y hambriento
tu voz, o tu risa.
He podido ver también los sabores,
lo dulce que eres,
lo picante que me vuelves,
y me he sumido durante meses
en una suerte de sinestesia
que me hacía tremendamente feliz.
Y luego algo
se me ha extirpado de dentro sin miramientos,
entre mis gritos, los que se oían,
y mis otros gritos, los que se vieron,
y sufrí un dolor durante días,
semanas,
meses,
noches,
reviviendo sin anestesia un infierno
que me ha tocado pisar demasiadas veces.
Y entonces después un día
me desperté y no veía nada,
ningún color más que el gris,
no oía, no olía,
tu risa no retumbaba, tu colonia era solo agua,
y al final había perdido tanto los nervios
que ya ni el goce del tacto me queda.
La anestesia te duerme y te enfría,
te vuelve medio cadáver
para medio, a su manera,
salvarte de estar viva.
he podido sentir los colores,
como el verde de tu iris
galopando por las colinas de mi cuerpo,
y a veces he podido
saborear los sonidos,
como cada vez que mi oído ha lamido,
ávido y hambriento
tu voz, o tu risa.
He podido ver también los sabores,
lo dulce que eres,
lo picante que me vuelves,
y me he sumido durante meses
en una suerte de sinestesia
que me hacía tremendamente feliz.
Y luego algo
se me ha extirpado de dentro sin miramientos,
entre mis gritos, los que se oían,
y mis otros gritos, los que se vieron,
y sufrí un dolor durante días,
semanas,
meses,
noches,
reviviendo sin anestesia un infierno
que me ha tocado pisar demasiadas veces.
Y entonces después un día
me desperté y no veía nada,
ningún color más que el gris,
no oía, no olía,
tu risa no retumbaba, tu colonia era solo agua,
y al final había perdido tanto los nervios
que ya ni el goce del tacto me queda.
La anestesia te duerme y te enfría,
te vuelve medio cadáver
para medio, a su manera,
salvarte de estar viva.
Vacua y cruda
Perdóname, me digo,
te prometí que no volvería a dejarte sola,
nunca,
y aquí te tengo hecha estragos,
las velas apagadas,
los barcos zarpados,
el miedo en la nuca.
Otra vez sola y desnuda.
Si pudiera, juro, si pudiera
te cogería en mis brazos,
te arrullaría
en una cuna,
desharía el tiempo por ti
como se deshilachan los hilos
de la cordura.
Estás vacua y cruda.
Perdóname, me grito,
perdóname,
abrí las ventanas,
abrí las esclusas,
y mientras morías de hambre
pidiéndome carne
te nutrí de excusas.
Y el alma te fue adelgazando,
creando la cárcel
en que eres reclusa.
No sé cuál fue el momento
o el paso exacto
en que te hiciste adulta,
entre tus dolores
y uno de mis parpadeos
pasaron mil lunas.
Me gustaría cubrirte de besos,
pero tú ya estás cubierta de púas,
y poder volver atrás en el tiempo
para oír tu risa
cristalina y pura.
Perdóname, por favor, perdóname,
yo iba siendo sorda
mientras tú ibas siendo muda,
y mientras morías de hambre
pidiéndome carne,
te nutrí de excusas.
Desharía por ti el tiempo
como se deshilachan los hilos
de la cordura,
pero temo haber llegado tarde,
el Sol está por ocultarse
y estás vacua y cruda.
te prometí que no volvería a dejarte sola,
nunca,
y aquí te tengo hecha estragos,
las velas apagadas,
los barcos zarpados,
el miedo en la nuca.
Otra vez sola y desnuda.
Si pudiera, juro, si pudiera
te cogería en mis brazos,
te arrullaría
en una cuna,
desharía el tiempo por ti
como se deshilachan los hilos
de la cordura.
Estás vacua y cruda.
Perdóname, me grito,
perdóname,
abrí las ventanas,
abrí las esclusas,
y mientras morías de hambre
pidiéndome carne
te nutrí de excusas.
Y el alma te fue adelgazando,
creando la cárcel
en que eres reclusa.
No sé cuál fue el momento
o el paso exacto
en que te hiciste adulta,
entre tus dolores
y uno de mis parpadeos
pasaron mil lunas.
Me gustaría cubrirte de besos,
pero tú ya estás cubierta de púas,
y poder volver atrás en el tiempo
para oír tu risa
cristalina y pura.
Perdóname, por favor, perdóname,
yo iba siendo sorda
mientras tú ibas siendo muda,
y mientras morías de hambre
pidiéndome carne,
te nutrí de excusas.
Desharía por ti el tiempo
como se deshilachan los hilos
de la cordura,
pero temo haber llegado tarde,
el Sol está por ocultarse
y estás vacua y cruda.
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Desconfianza
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