Hay una suerte de magia
en la manera en que
nuestros cuerpos chocan
como dos planetas que colisionan,
compartiendo espacio.
Una galaxia se extiende
entre tu boca y la mía,
un aquel de autopista estelar
entre dos salivas que se saludan.
Cuando me tocas, tres o cuatro soles
se cuelan por mis venas hasta las entrañas
y el mundo es una sinfonía ahogada
que se pierde mudo
por el tobogán de mi garganta.
Todos los perfumes son el tuyo
y a ti huele la nada
y huele todo
y es día cuando tus párpados
se desperezan y se levantan.
Con la plena luz que irradias
retozamos en el lecho que encontremos,
te derramas sobre mi piel blanca,
como una lluvia,
me recorres los rincones rosas,
como un viento ufano,
llegas a mí, astronauta,
y me colonizas.
Hay una suerte de magia
en este viaje en que
nuestros cuerpos chocan
como dos planetas que colisionan,
y arden tanto que se funden,
siendo uno,
envuelto en el brillo
de los polvos estelares.
viernes, 11 de enero de 2019
jueves, 10 de enero de 2019
Un campo de flores brotando en mi sofá
Vive en mí,
desde siempre,
que yo recuerde,
una tristeza que amenaza ser infinita
y una manera negra
de ver las cosas.
Cuando el día es blanco,
esa negrura,
lo vuelve gris en mis pálidas palmas
y una suerte de grito callado
rompe el Sol
en mil pedazos,
y cuando camino,
mis pies, sin rumbo,
me llevan siempre a fosos
o a callejones sin salida.
Y es entonces
cuando salido, no sé de dónde,
y como premio, no sé por qué,
irrumpes en mi vida
como un campo de flores brotando en mi sofá,
como una madre que abraza
o como el ronroneo de un gato,
y te miro desde el umbral,
entro en casa, que es mi vida ahora,
la tristeza resbala por mis costados
y marchita y muere
en el momento que tu mano y la mía
se besan
una vez más.
desde siempre,
que yo recuerde,
una tristeza que amenaza ser infinita
y una manera negra
de ver las cosas.
Cuando el día es blanco,
esa negrura,
lo vuelve gris en mis pálidas palmas
y una suerte de grito callado
rompe el Sol
en mil pedazos,
y cuando camino,
mis pies, sin rumbo,
me llevan siempre a fosos
o a callejones sin salida.
Y es entonces
cuando salido, no sé de dónde,
y como premio, no sé por qué,
irrumpes en mi vida
como un campo de flores brotando en mi sofá,
como una madre que abraza
o como el ronroneo de un gato,
y te miro desde el umbral,
entro en casa, que es mi vida ahora,
la tristeza resbala por mis costados
y marchita y muere
en el momento que tu mano y la mía
se besan
una vez más.
martes, 25 de diciembre de 2018
Huracán
Yo tengo alas
muy frágiles,
que de sobrellevar tormentas
ya no saben nada,
alas que son puro hueso,
hueco,
pocas plumas,
más bien membranas desnudas
llenas de taras.
Yo vuelo siempre
sobre ruinas,
escombros,
escollos,
un cielo de nubes;
a veces llueve y,
mojada y pesada,
no puedo volar.
Me mandas un huracán y lo miro,
con la realidad apegándose
a mis huesos,
con la fe despegándose
de la carne,
con mi ojo viendo más allá del futuro.
Ya no puedo soportar
más tifones,
necesito,
de verdad lo necesito,
descansar.
muy frágiles,
que de sobrellevar tormentas
ya no saben nada,
alas que son puro hueso,
hueco,
pocas plumas,
más bien membranas desnudas
llenas de taras.
Yo vuelo siempre
sobre ruinas,
escombros,
escollos,
un cielo de nubes;
a veces llueve y,
mojada y pesada,
no puedo volar.
Me mandas un huracán y lo miro,
con la realidad apegándose
a mis huesos,
con la fe despegándose
de la carne,
con mi ojo viendo más allá del futuro.
Ya no puedo soportar
más tifones,
necesito,
de verdad lo necesito,
descansar.
sábado, 15 de diciembre de 2018
La nada que con ello lleno
No podría culparte, pues
yo entiendo
lo feos que son mis ojos,
tampoco es bonito mi cuerpo,
la nada que me sale del alma
y la nada que con ello lleno,
que tengo las uñas roídas
y todavía muy corto el pelo.
No podría culparte, pues,
sé que en mí nada destaca por bueno,
que mi tiempo libre es aburrido,
que no ofrezco nada nuevo,
sé la nada que me sale del alma
y la nada que con ello lleno,
que no tengo la barriga plana
ni perfecto y firme el pecho.
No podría culparte, pues
soy consciente de lo corto de mis dedos,
no tengo piernas para hacer soñar
ni tampoco de cisne el cuello,
cualquiera podría ocupar mi lugar,
no es demasiado grande el hueco.
Y para qué nos vamos a engañar,
si yo he visto todo este tiempo
la nada que sale de mí
y la nada que con ello lleno.
yo entiendo
lo feos que son mis ojos,
tampoco es bonito mi cuerpo,
la nada que me sale del alma
y la nada que con ello lleno,
que tengo las uñas roídas
y todavía muy corto el pelo.
No podría culparte, pues,
sé que en mí nada destaca por bueno,
que mi tiempo libre es aburrido,
que no ofrezco nada nuevo,
sé la nada que me sale del alma
y la nada que con ello lleno,
que no tengo la barriga plana
ni perfecto y firme el pecho.
No podría culparte, pues
soy consciente de lo corto de mis dedos,
no tengo piernas para hacer soñar
ni tampoco de cisne el cuello,
cualquiera podría ocupar mi lugar,
no es demasiado grande el hueco.
Y para qué nos vamos a engañar,
si yo he visto todo este tiempo
la nada que sale de mí
y la nada que con ello lleno.
viernes, 7 de septiembre de 2018
Hilo.
Imagínate un hilo tan largo que cruza las montañas y los
ríos, la tierra llana y amarilla de Castilla, los campos de naranjas y los de
girasoles y se pierde en la inmensidad del vasto horizonte. Sobre él caminan
sin verlo las personas y los perros, le lloran las nubes, lo lame el Sol, lo
abraza la tierra. Es la cama para los insectos y las rocas, tan fino y delicado
que ni la araña lo nota y tan irrompible que permanece cruzando los kilómetros,
de extremo a extremo, durante décadas.
Imagínate que lo llevas contigo, atado al tobillo, un fiel
compañero invisible. Corre contigo cuando eres un niño y está contigo buceando
en el mar en tus horas de playa. Duermes con el hilo prendido a los huesos y es
él quien te vierte los ingredientes de los sueños que cocinas en la almohada.
También crece contigo cuando llegas a la pubertad, indómito e inamovible,
camuflado entre tu nuevo vello, escurriéndose entre los pechos incipientes y
enredado en un corazón que comienza a sentir distinto. Pero tus ojos no lo ven,
aunque empiezas a creer en él, y a buscarlo.
Entonces, cuando eras niño, trepabas a los árboles, corrías
como el viento, te caías y raspabas las rodillas, pero nunca se rompía ni
alteraba. Después vas caminando paso a paso, a tenderle la mano al adulto que
vas a ser, y trepas a las nubes, corres a enamorarte, te caes y te raspas el
corazón…y tu fe empieza a quebrarse. Hablan todas las lenguas del mundo sobre
un hilo rojo y empiezas a preguntarte si nadie tiene ni idea de lo que está
diciendo.
A veces piensas que si se viera desde fuera cada golpe que
has vivido estarías cubierto de verde y amarillo, una suerte de moretón
cansado, desanimado, cada vez más rendido.
Puedo imaginarme lo que quiera, pero la realidad es esta: mi
hilo se estiró, se enredó, se quedó enganchado en lugares que no debía, pero nunca
se partió. Mi hilo es elástico e incorruptible. Me tanteé las muñecas, la
espalda, las caderas, los pies…todo buscándolo, pero nunca lo encontré. Lo tuve
entre los dedos y lo acaricié entre mis falanges sin saberlo. Jugueteé con unas
tijeras, cortando el aire, hastiada, “¡no existe!”, y hubo en esta demencia un
cuchillo afilado que podía, él y solo él, cortar mi hilo: negación.
Pero entonces mi hilo, que es un ente vivo y lucha por permanecer,
comenzó a asomar poco a poco sus inmateriales fibras y a dibujarse como un rojo
diluido, casi un espejismo, y a lamerme las orejas cada noche con palabras en
una lengua desconocida para mí.
Imagíname cruzando las montañas y los ríos, la tierra llana
y amarilla de Castilla y los campos de naranjas y los de girasoles. Imagíname
persiguiendo un delirio loco por las calles de Andalucía. Imagíname llegando a
una estación y bajando de un tren a mi nueva vida.
Un hilo rojo solo se ve cuando los dos extremos se aproximan.
Cuando se conocen, cuando se unen, cuando se funden en un abrazo. Entonces ya
nunca más, da igual cuánto te alejes, vuelve a ser un hilo recto: ya será para
siempre un círculo donde cabe el uno y donde cabe el otro, siempre tan unidos
que sobra espacio donde edificarlo todo.
En el momento que mi boca y la suya se reconocieron, ligadas
por una suerte de destino, el hilo cambió de color y se hizo verde, como sus
ojos, y mutó de hilo a hebra de su cabello. Se hizo tangible, denso, suave,
tomó forma y se hizo casa, tomó fuerza y se hizo iglesia, tomó tiempo y se hizo
eterno.
Y brotó del suelo un campo de girasoles.
martes, 10 de julio de 2018
998 por hora.
Se me salta el corazón dos latidos pero no importa, contigo siguen quedándome 998 por hora. Como en el sueño más vívido que he tenido jamás, bajo del tren y a lo lejos te veo, la melena al viento, los ojos llenos de mar, las manos llenas de caricias. La primera vez que me ves, la primera vez que te toco. Te regalo una sonrisa, me fundo en un abrazo, de repente me siento en casa. ¿Es esto amor? Quizá.
No quiero soltarte, tu pelo es una sábana de seda y tu olor ya es para siempre mi colonia favorita. Hueles a piel dulce y a alma limpia y quiero quedarme en este abrazo. ¿Sería muy raro prolongarlo? Quizá. Habrá más, puedo soltarte. Por ahora.
Las calles saben distintas cuando se caminan junto a ti; miro al frente, me vuelvo a mirarte y ahí estás, a un leve giro de mi cabeza, a unos centímetros de mí. Tu piel tiene toques de oro y tus mejillas al sonreír se llenan de hoyuelos donde plantar momentos y regar con besos. Creo que no puedo dejar de mirarte y eso me pone nerviosa.
Me haces reír. Todo el tiempo.
Tu presencia es como un bálsamo para mi corazón que está muy, muy cansado. Que se siente viejo y ya no tiene ganas de pelear. Iba a ralentí, pero contigo, ¡vaya! Me has mirado y se ha parado unos segundos pero ha rejuvenecido. Lo noto más fuerte. ¿Es esto amor? ¿Se siente así?
Tú tienes ojos de agua y yo juego a ser una sirena mientras te acercas.
El impacto de tu boca en mí es suave y demoledor. Este es el beso que llevo buscando toda la vida. Tiras todos mis muros abajo. Solo quiero que conozcas todo, ser tu casa. Ven dentro.
El impacto de tu cuerpo en mí, una suerte de fuegos artificiales en una carne que siento de nuevo virgen. ¿Es esto amor? Nunca he sentido nada parecido.
En la ducha llueve.
En la cama todo es Sol abrasador.
Tu pelo es la jungla.
Tu boca un oasis.
Del Norte al Sur eres mi tierra favorita.
De Este a Oeste.
No me cubro al dormir, tu abrazo es mi sábana. Tu cuerpo pegado al mío mientras duermes tranquilo es la paz más maravillosa que he conocido y solo quiero que acabe esta noche para verte reír de nuevo cuando despiertes.
Los abrazos ya no se acaban más, los besos siempre se multiplican. Nos comemos. Salimos a cenar. Paseamos y me agarras de la mano, de un plumazo pierdo todos estos años y ahora soy una niña a tu lado. Sin heridas ni cicatrices, sin miedos ni rencores.
Quiero vivir así toda mi vida, ya no quiero que me faltes nunca.
¿Es esto amor?
Sin duda. Te amo.
No quiero soltarte, tu pelo es una sábana de seda y tu olor ya es para siempre mi colonia favorita. Hueles a piel dulce y a alma limpia y quiero quedarme en este abrazo. ¿Sería muy raro prolongarlo? Quizá. Habrá más, puedo soltarte. Por ahora.
Las calles saben distintas cuando se caminan junto a ti; miro al frente, me vuelvo a mirarte y ahí estás, a un leve giro de mi cabeza, a unos centímetros de mí. Tu piel tiene toques de oro y tus mejillas al sonreír se llenan de hoyuelos donde plantar momentos y regar con besos. Creo que no puedo dejar de mirarte y eso me pone nerviosa.
Me haces reír. Todo el tiempo.
Tu presencia es como un bálsamo para mi corazón que está muy, muy cansado. Que se siente viejo y ya no tiene ganas de pelear. Iba a ralentí, pero contigo, ¡vaya! Me has mirado y se ha parado unos segundos pero ha rejuvenecido. Lo noto más fuerte. ¿Es esto amor? ¿Se siente así?
Tú tienes ojos de agua y yo juego a ser una sirena mientras te acercas.
El impacto de tu boca en mí es suave y demoledor. Este es el beso que llevo buscando toda la vida. Tiras todos mis muros abajo. Solo quiero que conozcas todo, ser tu casa. Ven dentro.
El impacto de tu cuerpo en mí, una suerte de fuegos artificiales en una carne que siento de nuevo virgen. ¿Es esto amor? Nunca he sentido nada parecido.
En la ducha llueve.
En la cama todo es Sol abrasador.
Tu pelo es la jungla.
Tu boca un oasis.
Del Norte al Sur eres mi tierra favorita.
De Este a Oeste.
No me cubro al dormir, tu abrazo es mi sábana. Tu cuerpo pegado al mío mientras duermes tranquilo es la paz más maravillosa que he conocido y solo quiero que acabe esta noche para verte reír de nuevo cuando despiertes.
Los abrazos ya no se acaban más, los besos siempre se multiplican. Nos comemos. Salimos a cenar. Paseamos y me agarras de la mano, de un plumazo pierdo todos estos años y ahora soy una niña a tu lado. Sin heridas ni cicatrices, sin miedos ni rencores.
Quiero vivir así toda mi vida, ya no quiero que me faltes nunca.
¿Es esto amor?
Sin duda. Te amo.
martes, 13 de febrero de 2018
Tus tardes de domingo
Soy reina sin reino,
sin hogar
y sin castillo,
soy reina del olvido
y de las cosas que he temido,
soy reina de los árboles
y reina entre el frío
del valle de costillas
de mi corazón vacío.
Una vez tuve reino
y fue un lugar bello y florido,
mas una espina de rosa
se clavó en mi tobillo
y fui por el camino
perdiendo tanta sangre
que me hice de alambre,
carne mustia y hierro frío.
Y cuando vi caído
mi cielo, en la tierra
arrojé mi vestido
y al corazón más piedras
y ahogué los sentidos,
me hice de madera,
pues lo muerto ni espera
ni se siente vencido.
Mas se coló una hiedra
entre tanto hastío
y el verde de la hierba
y del pájaro el trino
a veces me recuerdan
que el mundo sigue vivo
y podría ser reina
de tus tardes de domingo.
Soy reina sin reino,
sin hogar
y sin castillo,
soy reina del olvido
y de las cosas que he temido,
soy reina de los árboles
y reina entre el frío
del valle de costillas
de mi corazón vacío,
mas de pronto te ríes
como ríen los niños
y baten como alas
tus pestañas de felino
y se derrite el hielo
y noto el anhelo
de algún día ser reina
de tus tardes de domingo.
sin hogar
y sin castillo,
soy reina del olvido
y de las cosas que he temido,
soy reina de los árboles
y reina entre el frío
del valle de costillas
de mi corazón vacío.
Una vez tuve reino
y fue un lugar bello y florido,
mas una espina de rosa
se clavó en mi tobillo
y fui por el camino
perdiendo tanta sangre
que me hice de alambre,
carne mustia y hierro frío.
Y cuando vi caído
mi cielo, en la tierra
arrojé mi vestido
y al corazón más piedras
y ahogué los sentidos,
me hice de madera,
pues lo muerto ni espera
ni se siente vencido.
Mas se coló una hiedra
entre tanto hastío
y el verde de la hierba
y del pájaro el trino
a veces me recuerdan
que el mundo sigue vivo
y podría ser reina
de tus tardes de domingo.
Soy reina sin reino,
sin hogar
y sin castillo,
soy reina del olvido
y de las cosas que he temido,
soy reina de los árboles
y reina entre el frío
del valle de costillas
de mi corazón vacío,
mas de pronto te ríes
como ríen los niños
y baten como alas
tus pestañas de felino
y se derrite el hielo
y noto el anhelo
de algún día ser reina
de tus tardes de domingo.
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Desconfianza
Igual que cuando fuera llueve Y decide una, por no enfermar, Por prevención, porque se conoce el cuerpo, Ponerse un abrigo, la bufanda, los...