préstame un reloj, que esté roto, que no funcione. Tú que eres más alto, cuélgalo en la pared y veamos cómo no pasa el tiempo, cómo las horas no se nos desgranan, cómo los días de patas cortas se hacen eternos. Préstame un reloj que se haya parado como se para el corazón al verte y que nos regale un tiempo inconmensurable donde tenernos y mirarnos sin prisas, como si fuera para siempre. Préstame un reloj que nos presida y se haga ley, que nos vea hacernos carne y luego agua, que nos vea mordernos con hambre y lamernos con gula. Un reloj que sea el Dios de todas las cosas que tenemos y la única medida a conocer, henchido con un minutero corrupto y un segundero tan abandonado como yo a tu piel.
Un reloj jubilado, cansado, muerto, que haya dejado de ser para dejarnos ser a nosotros, durante un momento, durante horas, durante días, lo más sempiternos que podamos.
miércoles, 19 de julio de 2017
lunes, 19 de junio de 2017
El abismo insalvable que se cernió sobre nuestra carne aún latiendo junta. Estabas, de nuevo, tan dentro de mí que las entrañas suspiraban de placer pero el cerebro agonizaba de lejanía. Juntos hubimos sido mitad y mitad de un corazón y mitad y mitad de un alma, mas tú me robaste y me partiste, y viéndome descorazonada te vi desalmado. Durante la noche, vacíos, anhelantes de más, ebrios de recuerdos, quisimos tenernos de nuevo y solo tomamos la cáscara que queda. Teníamos tanta sed que yo me bebí tu saliva y tú, zahorí, buscaste agua en mis pozos más profundos, y tanta hambre de sentir que nos comimos y no nos supimos a nada. Llenamos los vasos con besos vacíos.
Entregándome a ti desprovista de más emociones que el fuego que me recorría las venas, como si no me hubieras tenido gritando rota de dolor en brazos, como si no hubiera besado tus lágrimas y te hubiera abrazado con ganas de no soltarte, como si nunca hubiera existido el día en que te reías tan nervioso y decías "¿tanto se nota que estoy loco por ella?".
Pero no, tú ya venías loco y lleno de esquirlas, tan áspero que me desgastaba al regalarte mis caricias, tan astillado que todo el amor que vertí lo dejaste escapar entre tus grietas. Y yo, poco a poco, me fui desmigajando y dándome entera a ti, al vacío, a la combustión, al olvido.
Y lo quise así, duro, que me rompieras, como si no me hubieras roto ya tantos trozos, rápido, que no quede tiempo para pensar, callado, que no me hable la voz que un día amé y amé y amé. Y cuando terminamos, la pasión consumida, me puse la ropa y capas y capas de frío y me fui corriendo, sin querer siquiera que me tocaras.
Porque tú, así, sin florituras, solo vales para follarme y para joderme.
Entregándome a ti desprovista de más emociones que el fuego que me recorría las venas, como si no me hubieras tenido gritando rota de dolor en brazos, como si no hubiera besado tus lágrimas y te hubiera abrazado con ganas de no soltarte, como si nunca hubiera existido el día en que te reías tan nervioso y decías "¿tanto se nota que estoy loco por ella?".
Pero no, tú ya venías loco y lleno de esquirlas, tan áspero que me desgastaba al regalarte mis caricias, tan astillado que todo el amor que vertí lo dejaste escapar entre tus grietas. Y yo, poco a poco, me fui desmigajando y dándome entera a ti, al vacío, a la combustión, al olvido.
Y lo quise así, duro, que me rompieras, como si no me hubieras roto ya tantos trozos, rápido, que no quede tiempo para pensar, callado, que no me hable la voz que un día amé y amé y amé. Y cuando terminamos, la pasión consumida, me puse la ropa y capas y capas de frío y me fui corriendo, sin querer siquiera que me tocaras.
Porque tú, así, sin florituras, solo vales para follarme y para joderme.
domingo, 4 de junio de 2017
Te hiero
Habrá algún día una boca
que se frunza, inocente,
que me vuelva loca,
insana,
indecente.
Habrá algún día una mirada
donde fácil pudiera perderme
y encontrarme cada mañana
al reflejarme,
superviviente.
Habrá un sedoso cabello
tal vez un hoyuelo,
unos dientes,
una piel deliciosa,
una caricia perenne,
un lago íntimo,
un volcán silencioso,
un beso prudente.
Existirá algún día.
Mas cuando llegue el albor primero
de ese amor que amanece
dejaré todo lo que siento
a las manos de la muerte
pues aunque sea mi suerte
que sea pájaro de buen agüero,
mi oído traicionero,
naturaleza disidente,
por más que él lo intente,
solo oirá un "te hiero".
que se frunza, inocente,
que me vuelva loca,
insana,
indecente.
Habrá algún día una mirada
donde fácil pudiera perderme
y encontrarme cada mañana
al reflejarme,
superviviente.
Habrá un sedoso cabello
tal vez un hoyuelo,
unos dientes,
una piel deliciosa,
una caricia perenne,
un lago íntimo,
un volcán silencioso,
un beso prudente.
Existirá algún día.
Mas cuando llegue el albor primero
de ese amor que amanece
dejaré todo lo que siento
a las manos de la muerte
pues aunque sea mi suerte
que sea pájaro de buen agüero,
mi oído traicionero,
naturaleza disidente,
por más que él lo intente,
solo oirá un "te hiero".
domingo, 16 de abril de 2017
La casa
Quizá buscas casa y te parece mi fachada un buen asilo. Mas, ¿vas a quedarte ahí, en el porche, a ver caer la noche, y dormir en el suelo hermoso y frío?
No llames bella a la casa hasta que te aventures puerta tras puerta. Alguna habitación te parecerá tan hermosa que te robará el aliento; otras, tan ruinosas, que el corazón asustado se saltará un latido.
Por las noches la madera de las almas gime tras años de pesos y cambios de temperatura. Cuando todo el mundo duerme la casa se encoge, abandona su porte regio y suspira. Es entonces, y no cuando vengas a visitarme una tarde, cuando la llave maestra que guarda la Luna le hace un amor dulce a mis más oxidadas cerraduras, que, satisfechas, se entregan.
Y solo de madrugada pierde protagonismo el cabello o la sonrisa, ocultos bajo capas de polvo de arcaicos baúles. Se abre el álbum de fotos de mi alma y aquello que el día no capta brilla en la aterciopelada noche.
Mis muros están hechos de poemas, y son tan sólidos y firmes porque la poesía jamás se debilita. Aquí y allá la pintura se desconcha y revela mi edad verdadera. Las grietas surcan las paredes, como cicatrices crueles y burlonas, que cuentan a gritos una historia.
En esta habitación, del suelo al techo, hay arcoiris pintados, porque de niña no sabía dibujar otra cosa.
En aquella otra, los pelos de los gatos crean una alfombra desordenada y caótica.
En esta sala hay una radio que reproduce en cada emisora una risa distinta de todas las que tengo.
En este baño, las baldosas son frías y la bañera está colmada de las lágrimas que he llorado.
Y tengo una habitación a medio terminar, donde las cortinas, muy muy tenues, están siendo cosidas con los hilos de los sueños que el futuro me va entregando.
Si tienes miedo evita el sótano, pues allí nada brilla. Es una estancia que solo se abre cuando necesito embeberme de negritud. Allí no hay suelo y me siento sobre la tierra, que palpita. Mis dedos de animal la sienten, caliente. Aquello son mis cimientos y mi origen, y puedes creerme si te digo que amo ese sótano desesperadamente, pero no invitaría allí a casi nadie. El olor es afrutado para mí pero horriblemente pestilente para otros.
En todos los ladrillos encontrarás mis huellas y trocitos de piel, pues esta casa soy yo, y una va dejándose poco a poco en aquello que construye, mas no las reconocerás porque solo has visto las huellas de mis pies. Ahí fuera, en la entrada, solo piso. Ya me ves entera y acabada, erigida sobre mis zapatos que se van deslizando sobre todo.
Aquí dentro vivo yo, y vive la niña del arcoiris, y vive la mujer futura que trenza cortinas, y vive la criatura del sótano. Cada vez que cae el Sol, y hasta que se recupera y se levanta, todas nos apostamos ante una ventana y esperamos pacientes una visita.
No golpees la puerta, nos asusta. El timbre son tan solo las palabras adecuadas.
No llames bella a la casa hasta que te aventures puerta tras puerta. Alguna habitación te parecerá tan hermosa que te robará el aliento; otras, tan ruinosas, que el corazón asustado se saltará un latido.
Por las noches la madera de las almas gime tras años de pesos y cambios de temperatura. Cuando todo el mundo duerme la casa se encoge, abandona su porte regio y suspira. Es entonces, y no cuando vengas a visitarme una tarde, cuando la llave maestra que guarda la Luna le hace un amor dulce a mis más oxidadas cerraduras, que, satisfechas, se entregan.
Y solo de madrugada pierde protagonismo el cabello o la sonrisa, ocultos bajo capas de polvo de arcaicos baúles. Se abre el álbum de fotos de mi alma y aquello que el día no capta brilla en la aterciopelada noche.
Mis muros están hechos de poemas, y son tan sólidos y firmes porque la poesía jamás se debilita. Aquí y allá la pintura se desconcha y revela mi edad verdadera. Las grietas surcan las paredes, como cicatrices crueles y burlonas, que cuentan a gritos una historia.
En esta habitación, del suelo al techo, hay arcoiris pintados, porque de niña no sabía dibujar otra cosa.
En aquella otra, los pelos de los gatos crean una alfombra desordenada y caótica.
En esta sala hay una radio que reproduce en cada emisora una risa distinta de todas las que tengo.
En este baño, las baldosas son frías y la bañera está colmada de las lágrimas que he llorado.
Y tengo una habitación a medio terminar, donde las cortinas, muy muy tenues, están siendo cosidas con los hilos de los sueños que el futuro me va entregando.
Si tienes miedo evita el sótano, pues allí nada brilla. Es una estancia que solo se abre cuando necesito embeberme de negritud. Allí no hay suelo y me siento sobre la tierra, que palpita. Mis dedos de animal la sienten, caliente. Aquello son mis cimientos y mi origen, y puedes creerme si te digo que amo ese sótano desesperadamente, pero no invitaría allí a casi nadie. El olor es afrutado para mí pero horriblemente pestilente para otros.
En todos los ladrillos encontrarás mis huellas y trocitos de piel, pues esta casa soy yo, y una va dejándose poco a poco en aquello que construye, mas no las reconocerás porque solo has visto las huellas de mis pies. Ahí fuera, en la entrada, solo piso. Ya me ves entera y acabada, erigida sobre mis zapatos que se van deslizando sobre todo.
Aquí dentro vivo yo, y vive la niña del arcoiris, y vive la mujer futura que trenza cortinas, y vive la criatura del sótano. Cada vez que cae el Sol, y hasta que se recupera y se levanta, todas nos apostamos ante una ventana y esperamos pacientes una visita.
No golpees la puerta, nos asusta. El timbre son tan solo las palabras adecuadas.
martes, 11 de abril de 2017
Ciudad de diamante
Yo soy una ciudad erigida en diamante
y enemigos más grandes
han intentado tumbarme,
mas mi brillo les ciega
y mi alma no se doblega
pues como fiera labriega
siempre defiendo mi parte.
Corazón de guerrera,
el dolor solo es arte,
has querido mancharte
las manos de tierna tierra
al arrancarme las hiedras
del hogar que no cierra
y que siempre celebra
si has querido quedarte.
Y en los surcos de tus palmas
se clavará la culpa
y el olor de la pulpa
del corazón que quebraste
hará amargos tus martes,
hará aciagos tus viernes
y te hará estragos en ciernes
cuando intentes alzarte.
Mas yo soy ciudad de diamante
y enemigos más grandes
han intentado tumbarme,
y soy fiera labriega,
naturaleza asperiega,
alma que no doblega,
dolor convertido en arte.
y enemigos más grandes
han intentado tumbarme,
mas mi brillo les ciega
y mi alma no se doblega
pues como fiera labriega
siempre defiendo mi parte.
Corazón de guerrera,
el dolor solo es arte,
has querido mancharte
las manos de tierna tierra
al arrancarme las hiedras
del hogar que no cierra
y que siempre celebra
si has querido quedarte.
Y en los surcos de tus palmas
se clavará la culpa
y el olor de la pulpa
del corazón que quebraste
hará amargos tus martes,
hará aciagos tus viernes
y te hará estragos en ciernes
cuando intentes alzarte.
Mas yo soy ciudad de diamante
y enemigos más grandes
han intentado tumbarme,
y soy fiera labriega,
naturaleza asperiega,
alma que no doblega,
dolor convertido en arte.
lunes, 10 de abril de 2017
¿Será eterno el desasosiego para los idealistas?
No hay cabida en este mundo para los que son como yo.
Yo hallo la esencia de la vida en el color de las hojas envejecidas, amarillentas. En las palabras deliciosas que otros pensaron tanto tiempo atrás. La hallo en la mirada profunda y sincera del animal que me muestra su alma sin mentiras. También en la risa del bebé, que es el único ser humano en quien confío, y en el olor delicioso y la textura del pan caliente.
Está mi corazón de vestido sáxeo lleno de amor por esta tierra.
Habiendo entendido que las semillas cuidadas brotan y germinan y nos regalan gentilmente sus frutos, imito a la naturaleza y me vierto en los surcos.
Me vierto en el surco de la sonrisa de la familia.
Me vierto en el surco de la cicatriz del desconocido.
Mas es el corazón humano una tierra yerma y desagradecida. Nada brota.
Nada llena más que dar.
Un agricultor ama su tierra y la protege. Se establece entonces una simbiosis deliciosa, en que la tierra hincha su vientre con las dádivas y se regala al hombre.
Mas ninguna tierra que yo haya amado ha hecho más que absorber mi agua y permanecer inmutable.
Es entonces cuando dar comienza a doler y el alma se agrieta.
No hay cabida en este mundo para los que son como yo.
Yo hallo la esencia de la vida en el color de las hojas envejecidas, amarillentas. En las palabras deliciosas que otros pensaron tanto tiempo atrás. La hallo en la mirada profunda y sincera del animal que me muestra su alma sin mentiras. También en la risa del bebé, que es el único ser humano en quien confío, y en el olor delicioso y la textura del pan caliente.
Está mi corazón de vestido sáxeo lleno de amor por esta tierra.
Habiendo entendido que las semillas cuidadas brotan y germinan y nos regalan gentilmente sus frutos, imito a la naturaleza y me vierto en los surcos.
Me vierto en el surco de la sonrisa de la familia.
Me vierto en el surco de la cicatriz del desconocido.
Mas es el corazón humano una tierra yerma y desagradecida. Nada brota.
Nada llena más que dar.
Un agricultor ama su tierra y la protege. Se establece entonces una simbiosis deliciosa, en que la tierra hincha su vientre con las dádivas y se regala al hombre.
Mas ninguna tierra que yo haya amado ha hecho más que absorber mi agua y permanecer inmutable.
Es entonces cuando dar comienza a doler y el alma se agrieta.
miércoles, 5 de abril de 2017
Como el mar
Soy como el mar,
y el mar no tiene dueño,
ni un solo nombre,
ni sitio.
El mar no tiene hogar
ni una sola cara,
y tan pronto te lame amoroso
como se embravece.
Así soy yo, brava,
contra las limitaciones de la costa,
tan escarpada,
que golpeo,
y aún así no escapo,
pues como el mar
no tengo casa,
mas tengo cárcel.
Soy como el mar,
tan tibia en las noches
y en los días frío inmenso,
y hay en mi interior profundidades abisales,
tiburones,
volcanes,
suave arena.
Pues el mar no tiene una sola forma
o un solo secreto
y como yo
está aún así a la vista de todos.
Y de pronto el plato llano
ruge siendo marea,
que grita, y aún así no escapo,
pues como el mar
no tengo casa,
mas tengo cárcel.
y el mar no tiene dueño,
ni un solo nombre,
ni sitio.
El mar no tiene hogar
ni una sola cara,
y tan pronto te lame amoroso
como se embravece.
Así soy yo, brava,
contra las limitaciones de la costa,
tan escarpada,
que golpeo,
y aún así no escapo,
pues como el mar
no tengo casa,
mas tengo cárcel.
Soy como el mar,
tan tibia en las noches
y en los días frío inmenso,
y hay en mi interior profundidades abisales,
tiburones,
volcanes,
suave arena.
Pues el mar no tiene una sola forma
o un solo secreto
y como yo
está aún así a la vista de todos.
Y de pronto el plato llano
ruge siendo marea,
que grita, y aún así no escapo,
pues como el mar
no tengo casa,
mas tengo cárcel.
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Desconfianza
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